Al rosa más azul del momento
en que suspiros abren la magia
calla hasta mi corazón,
muerto de tiempo
y al inescrutable ritmo en la deriva del oleaje
vacía el color a los ojos para matar la mirada.
No quiero volver al tiempo,
ni al mundo
de la medida y las marcas.
Quiero ser un sacrificio a tu encanto,
ser asesinado si lo deseas por tu risa,
porque creo amarte piratesca sirena
con mi todo deshecho sobre mis rodillas temblorosas,
aunque me hayas comido la lengua
como la serpiente la manzana
hasta incorporar a mis ánimos tu soplo
para ser tu respiración
el metrónomo de mis suspiros.
Ni si me sacaran los ojos los cutres filisteos
los tuyos dejarían de vivir en mí,
y para qué quisiera yo los míos contigo, o sin ti,
si porcelana, hielos, perlas, llamas, cumbres y prados
no son con los ojos cerrados
más bellos si son tuyos,
piratesca sirena, encantadora
mirada del alma pura y el más poderoso deseo.
Y aunque negro remolino devorador de estrellas
como un pozo helado y avaro
en el ojo del huracán donde preciosa habitas
se abriera sin fondo bajo mí para tragarme
y escupirme quizás en el Tártaro,
al otro lado un deshecho del fin del mundo,
consumado un apocalipsis de mi existencia,
seguiré imantado a tus ojos,
agarrado como un beso a tu vientre,
y no caeré al tiempo
ni perderé el ritmo de la deriva.
Sopla a mi corazón de sal
y se encenderá para ti como el océano del Poniente;
y yo, sirena con nombre, mujer que amo,
seré por siempre el espíritu de tus cantos
y el cuerpo de tus besos.